7-Avantprojecte Castella
9 octubre 2019

ANTEPROYECTO DE LA CRIPTA

PROYECTO: Enric Pladevall POEMA: Lluís Solà i Sala

Una Cripta dedicada a un árbol, éste es, en esencia, el objetivo y el sentido de este proyecto. Ya hace algunos años que me rondaba por la cabeza la idea de hacer una cripta en El Olivar con uno de mis menhires, al estilo de las navetas menorquinas, con las cuales ya había trabajado en los años 80 en pequeñas piezas de bronce que se inspiraban en estas construcciones.
La Cripta empieza a tomar forma en el proyecto gracias a un árbol centenario. Y, también, por la experiencia vivida en el proyecto “Árbol de la vida” que llevé a cabo en Cosmocaixa. Finalmente, El Olivar es el lugar escogido, y donde toma pleno significado. Lo primero fue encontrar y escoger el olivo milenario que tuviese la fuerza, morfología, presencia y dimensiones adecuadas. ¿Lo encontré y, o a él o él me encontró a mí?
Como remarca el amigo Lluís Solà i Sala, autor del poema “Árbol del mundo”, que participa de la obra: Cripta es una palabra griega que en principio quiere decir escondido, oculto, cubierto, protegido. Hay una célebre sentencia griega que dice: a la naturaleza le gusta esconderse (encriptarse, esconderse, es decir, no revelarse plenamente, no revelar su secreto). Después el cristianismo lo usa en el sentido de lugar oculto de una iglesia. La palabra, pues, da juego.
Si tenía alguna duda sobre utilizar la palabra Cripta, por las connotaciones religiosas que conlleva, ésta desapareció al encontrar el “juego” del que habla Lluís. En este sentido de enigma, de protección, de revelación de un ser vivido, un árbol del mundo, de nuestro mundo, de nuestra tierra, de este lugar. Al cual deseo venerar, sublimar en esta cripta. Esta veneración estaría más cerca de los tótems de la seria Titán con la cual me propongo explorar las interrelaciones y contradicciones entre el mundo natural y el ser humano. Es la intuición que me ha acompañado desde los inicios de mi obra. Se alejaría en este sentido de las criptas de los primeros cristianos, dedicadas al culto de los santos y de los mártires que enterraban. Pero no se alejaría de su “espiritualidad”, ni del concepto de lo sagrado, más vinculado a lo desconocido del cual nos habla el poeta Joan Vinyoli. Se situaría lejos, muy lejos, de los dogmas y religiones del más allá. Y quizás se encontraría mucho más cerca del sintoísmo japonés.
Querría, no obstante, que en todo momento esta cripta fuese un canto a la vida, más que un monumento funerario que también lo es, porque honrar el “pasado” es del todo imprescindible para honrar la vida, el “ahora” y el “mañana”. Un espacio en el que sentir la energía de un árbol, donde estar con él, donde experimentar el vitalismo trágico, tanto físicamente como emocionalmente. Entrar en la obscuridad, caminar per el largo túnel, sentir el tiempo y el espacio, acercándose lentamente hacia la luz, hacia lo sublime. Un homenaje al Árbol del mundo.

Memoria artística y técnica

Una cripta cilíndrica de hierro de 8 m. de diámetro, 11 m. de altura. En el exterior ves únicamente un círculo de hierro de 5.5 m. de diámetro con el texto del poeta Lluís Solà “Árbol del mundo” con letras de hierro. En medio de este círculo un ojo de cristal de 90cm que nos permite ver el árbol suspendido con cables en las paredes del cono, a la vez que permite la entrada precisa de una luz en el interior. Las raíces mirando al cielo y las ramas a la tierra. Lo mínimo que se le puede pedir a un artista es que altere el orden de las cosas.
Se accede al interior de la cripta por una escalera que te lleva a un espació-recepción enterrado, a unos 20 m. de distancia de la entrada, que, aprovechando el desnivel del terreno, nos lleva a un balcón situado aproximadamente a la mitad de la Cripta. El visitante se encuentra el olivo justo enfrente. El balcón permite darle la vuelta 360 grados, y a la vez contemplar el espejo de agua que se encuentra en el fondo (a 5.5 m. de altura) reflejando las ramas y doblando la distancia. El espació-recepción nos permitirá descalzarnos, acercarnos y observar y sentir su presencia, su aliento. La Cripta tendrá luz cenital de día y artificial de noche. Solo podrán entrar una, máximo dos personas a la vez. Todo el conjunto, deberá estar estudiado con precisión en las distancias, en las ausencias, en las medidas, en la memoria, en las penumbras, en la luz del sol y de la luna. Y, por encima de todo, deberá estar estudiado para el hombre que camina, que respira, que vive y que siente.

Enric Pladevall